Eloísa se vistió rápido mientras Gael recogía las cosas con las que ella había jugado un rato y las metía en los bolsillos de su pantalón.
El ruido del helicóptero se escuchaba cada vez más cerca, tanto, que no les daría tiempo buscar algún pequeño claro para intentar llamar su atención, así que Eloísa tomó la bengala pequeña de la mano de Gael y trepó el barranco que los había resguardado de la ventisca, y cuando terminó de subirlo el viento le meneó el cabello espantándolo en todas direccione