Una visita nada inocente...
Clara se dirigía con prisa hacia a la lavandería, cuando se tropezó sin querer en el pasillo con su compañera.
—¡Joder tía! Fíjate por donde caminas —gruñó Emma.
—Disculpa… no me di cuenta de que venías.
La mirada de Emma descendió inmediatamente hacia la ropa que Clara llevaba entre los brazos.
—¿De quién es esa ropa? —preguntó con curiosidad aunque ya suponía a quien le pertenecía.
—Es de Sebastián.
Emma levantó la vista.
—¿Qué ocurrió? ¿Algún accidente?
—No, ninguno. Sólo que se qu