—¡Ahh! ¡Ahhh! —gimió la pelirroja de placer.
La pared de madera resonaba tras cada embestida.
Sebastián aceleró sus movimientos y buscó sus labios hambrientos. Mientras la besaba y hacía suya, bisbiseaba su nombre.
—Anastasia… no sé… que me pasa… contigo. —susurró contra sus labios entre jadeos.
—Ni… yo contigo, mi amor. Pero…
Los movimientos de Sebastián la obligaron a callar. En breves segundos ambos gritaron de placer alcanzando un estallido orgásmico. Era como si dos planetas hubier