Durante unos segundos ninguno de los dos dijo nada.
Sebastián terminó de recorrer la distancia que los separaba y se agachó frente a ella.
—¿Me mandaste a buscar?
Anastasia sostuvo su mirada.
—Sí.
—¿Y puedo saber por qué me citaste tan lejos de la casa?
Ella desvió la vista hacia los establos.
—Porque aquí casi nunca viene nadie. Los empleados ya terminaron de alimentar a los caballos y… quería que estuviéramos solos.
Aquellas palabras arrancaron una sonrisa discreta en Sebastián. Se i