—¿Habla en serio? —preguntó Clara, un tanto incrédula.
—Claro que sí.
—¿Solo para que pueda volver a verlo?
—Sí… —sonrió divertida—. Tú has sido mi amiga, has cuidado de mí y ahora eres mi confidente. ¿Por qué no podría ser tu hada madrina o mejor aún, cupido?
Los ojos de Clara se llenaron de lágrimas.
—¿Haría eso por mí?
Anastasia extendió los brazos.
—Pues sí. Somos amigas ¿no?
La chica sonrió y sin poder contener la emoción, se inclinó hacia ella y la abrazó con fuerza. Anastasia