Apenas subió a su coche, Sebastián descargó toda su frustración golpeando el volante con el puño.
—¡Maldición! —escupió con ira.
La sangre le hervía por las venas. No conseguía apartar de su cabeza el nombre que había visto aparecer en la pantalla del teléfono de Anastasia.
André Braxton.
«Solo quiero saber si estás bien. Por favor, respóndeme.»
Apretó la mandíbula con tanta fuerza que sintió dolor.
Ella le había asegurado que entre ambos nunca había existido nada. Sin embargo, aquel hom