Apenas la puerta volvió a cerrarse, Clara entró apresuradamente.
Encontró a Anastasia completamente vencida sobre la silla de ruedas, llorando con un dolor que parecía no tener fin. Sin decir una sola palabra, la abrazó con fuerza.
Hasta ese instante Anastasia había intentado ser fuerte, pera ya no podía más. Se aferró a su amiga con desesperación. Su llanto no era silencioso. Era un llanto profundo, desgarrado, nacido de la humillación, de la rabia y, sobre todo, del desconcierto.
—¿Por qué