Mientras tanto, en la biblioteca de la lujosa mansión campestre, Iván Belmonte observaba los planos de los viñedos. Las grandes extensiones de tierra que perdería no sólo lo dejarían sin gran parte de esa zona sino que además de ello, perdería la inversión que había hecho para la producción de ese año.
Sin materia prima de calidad como la que obtenía de esas tierras, todo se vendría abajo. Por primera vez, en todo esos años, se sintió mal consigo mismo. Había aceptado que Gisela se hiciera ca