Las corrientes de aire eran fuertes, el yate se movía, siendo difícil que Federico pudiera detallar lo que sucedía en la embarcación.
Molesto pidió a uno de sus hombres unos binoculares, desde la distancia Federico observaba minuciosamente lo que sucedía, una vez que levantaron las copas y brindaron Federico dio la orden a su gente para atacar.
Aquella era la señal que Fiorella prometió brindarle cuando fuera el momento indicado para abordarlos.
—Señor, ¿qué haremos con ella? —preguntó el subo