Fiorella se mostraba nerviosa, desde luego que deseaba saldar la deuda del pasado, en su interior había caos, Donato tomó sus manos y fijó la mirada en su rostro.
—Amor, no tengas miedo, estoy contigo y siempre lo estaré —Fiorella asintió levemente—. Entiendo que te estoy llevando a un mundo completamente diferente al que siempre estás acostumbrada, en verdad lo lamento.
»Pero si dejas que continúe creciendo ese temor en tu interior llegará el momento en que ni siquiera te puedas ver al espejo