Federico no tenía el más mínimo conocimiento de lo que estaba sucediendo, una vez que uno de sus hombres corrió para ponerlo al tanto de lo que estaba sucediendo él se mostró incrédulo.
Aún así de inmediato se dirigió a la entrada principal, el ambiente allí era tenso, llegó la mirada alrededor, levantó las manos a la altura del pecho.
—¡Quietos!, quietos todos, bajen ahora mismo las malditas almas, acaso están ciegos o sufren de la memoria; la familia De Luca ya no son nuestros enemigos, eso h