Por fortuna Bruno llegó a tiempo logrando hacer que el brazo de Fiorella se levantara pegando aquellos proyectiles en el techo.
De un solo movimiento Bruno arrebató la pistola de su mano, Fiorella estaba hecha un mar de lágrimas, al ver el terrible estado en el que ella se encontraba Donato camino hacia ella, estiró los brazos y tomó sus manos.
Fiorella negó con su cabeza, su pecho estaba agitado, su mirada se fijó en la suya sintiendo como un vacío en su pecho crecía desenfrenadamente.
—Suél