Donato llevó a Emma hasta su oficina, la invitó a tomar asiento, él se retiró el saco, fue a la licorera y tomó una botella de licor, sirvió en dos vasos, dando pasos cortos rodeó su silla y se ubicó detrás de ella, colocó el vaso sobre su pierna, mientras su mirada se perdía en aquel escote pronunciado.
—Hablemos de negocios —habló Donato cerca de su oído causando que la piel de Emma se tornara de puntitos.
Emma le dio un sorbo largo a su vaso, luego sacó del maletín una laptop; digitó la cl