Fiorella sentía los párpados pesados, a la distancia escuchaba un sonido agudo, sus labios secos como si nunca hubiese tomado una sola gota de agua, con todas sus fuerzas logró girar la cabeza, la escena la dejó sin aliento.
Se encontraba recostada sobre una cama, a su alrededor instrumentos que estaban conectados a ella, el pánico se apoderó causando que quisiera levantarse, el dolor era tan fuerte que lo único que pudo hacer fue presionar el botón de asistencia.
A la brevedad una enfermera acudió a su llamado, Fiorella quiso llorar, pero un dolor punzante en su abdomen hacía que le costara.
—¿Dónde estoy? —preguntó con un tono de voz débil y tembloroso.
—Acaba de salir de la sala de cirugía, permanezca en su lugar, intentar levantarse causará dificultades —Fiorella apretó los labios y dejó caer su cabeza.
Recordó aquellos momentos vividos de sufrimiento y dolor a manos de Enzo y aquellos desgraciados que lo acompañaban, todo se erigió hacia un punto importante.
—Mi bebé... Señor