Fiorella con el cuerpo agotado regresó a Nueva York, estar de vuelta era un regalo, se dirigió a su apartamento de lujo, necesitaba darse un baño para poder recuperar un poco de fuerza.
Al llegar a la recepción fue detenida por el personal de seguridad, quienes se mostraban con cara de pocos amigos.
—¿Qué sucede?, ¿por qué se ponen delante de mí?, ¿acaso no me reconocen?
Una lluvia de preguntas salió de Fiorella mostrándose indignada y al mismo tiempo molesta por la actitud del personal de seguridad.
—Señora Fiorella por supuesto que sabemos quien es usted, lo que sucede es que su apartamento ya no le pertenece, no podemos permitirle el paso —Fiorella al instante espantó la mirada.
—Pero, ¿qué has dicho?, ¿cómo es posible que sin mi consentimiento hayan ocupado mi pertenencia?, si no me dejan pasar llamaré a la policía y haré que los despidan —amenazó Fiorella.
Como una fiera pasó por su lado y se dirigió a su apartamento, ya no contaba con la misma paciencia y tolerancia que un dí