Fiorella despertó en la cama de Donato, con la mano lo busco, pero él ya se había levantado; apretó los labios y respiró con fuerza.
Para ella no era nada fácil soportar el desprecio que Donato le brindaba, y menos luego de todo lo que ella le ofrecía; se levantó de la cama y llevó su cuerpo bajo la regadera.
«No importa lo que haga, Donato nunca pondrá la mirada en mí, nunca me verá como a su esposa; seguir intentando hacer que pierda la cabeza por mí sería perder el tiempo.
Sus asuntos los tiene bien detallados y claramente mi destino junto a él es a corto plazo, un plazo que está próximo a vencer», pensó Fiorella pasando las manos sobre su abdomen.
Con una toalla alrededor de la cabeza y una bata sobre su cuerpo salió a la habitación, su marcha se detuvo al tener contacto directo con Donato, él se encontraba con las manos dentro de los bolsillos observando fijamente el ventanal.
—Hola —saludo Fiorella sin retirar la mirada del hombre con el que había pasado la noche.
—Ha llegado