Sus cuerpos desnudos se acercaron lentamente, no había prisa, no habían temores; sus labios se encontraron como si un enorme imán se encargará de unirlos.
Fiorella retrocedió, se sentó en el borde de la cama, inclinó su cuerpo hacia atrás, lentamente sus piernas se abrieron brindando una vista estupenda a su hombre.
La mirada de Fiorella estaba cargada de seducción, con autoridad recorrió el cuerpo de Donato fijándose en cada detalle, trago saliva deseando tomar aquel cuerpo musculoso, tatuado