Narrado por Myra
No probé el desayuno.
Tenía el plato frente a mí, pero la comida era solo forma. El verdadero peso lo traía adentro: el diario, la voz de Cirius, el nombre de Eryon escrito con tinta antigua, y la imagen del bebé arrancado de su cuna.
Eryon. Un recién nacido. Un sacrificio.
Me pasé la noche dando vueltas en la cama, sin lograr respirar bien. Cada vez que cerraba los ojos veía el claro del bosque, el cuchillo de plata, el hechicero. Y siempre terminaba en la misma idea, la que m