La tinta del diario era oscura, espesa, como si hubiera sido escrita con rabia contenida.
El nombre en la primera página no dejaba dudas: Cirius Hale.
Y la voz que se abría paso en esas líneas no era la de un anciano cansado. Era la de un Alfa en guerra… con su propia sangre.
Cirius estaba de pie frente al fuego del gran salón. Afuera, el reino dormía bajo la luna, pero dentro de la fortaleza nada era tranquilo. El olor a hierro de las armas recién limpias se mezclaba con el de las hierbas que