Narrado por Myra
La cocina está silenciosa, pero a mí me tiembla el pulso.
Estoy preparando el té de Don Alaric: hojas amargas, raíz triturada, un poco de miel. Lo hago con cuidado, como si una mala mezcla pudiera costarme el trabajo… o algo peor.
Levanto la tetera y, cuando el líquido empieza a caer, la taza se me resbala.
Se estrella contra el suelo.
El sonido me sacude como un golpe.
Me quedo quieta un segundo, con el corazón acelerado, mirando los pedazos.
—¿Myra? —la voz de Evelyn aparece en la puerta.
Entra despacio y ve el desastre.
—Tranquila —dice, agachándose—. Fue una taza.
Yo respiro, pero no baja la presión en el pecho.
Evelyn empieza a recoger con cuidado, como siempre, como si el mundo fuera frágil.
—¿Te cortaste?
—No —miento rápido—. Perdón. Solo… estoy distraída.
Ella me mira, insistente.
—¿Es por… eso? —baja la voz, como si la casa pudiera escucharnos.
—¿Por qué cosa?
Evelyn junta un pedazo grande y lo deja aparte.
—Por lo que Bardok insinuó. Lo de… tu embarazo.
Se m