CAPÍTULO 52

Narrado por Myra

Estoy sentada en el suelo desde hace… no sé cuánto.

Aquí no hay ventanas. No hay forma de medir el tiempo. Estoy sola y el silencio que se mete por la garganta.

Eryon decidió ejecutarnos.

Esa frase se repite en mi cabeza como un martillo.

No sé qué duele más: que me odie… o que, aun así, una parte de mí siga recordando cómo me miró cuando me dijo “te amo”.

Me abrazo las rodillas.

En cualquier momento se abre esa puerta.

Y entonces se termina.

Se escucha un giro de llave.

Mi cuerpo se tensa, lista para ver a Eryon entrar con esa mirada vacía.

Pero no es él.

Es Brenna.

Cierra la puerta con cuidado y se queda ahí, mirándome como si me estuviera evaluando y, al mismo tiempo, despidiéndose.

—¿Cómo está mi Luna? —pregunta en voz baja.

Me río sin humor.

—No me llames así —digo, seca—. Ya no tiene sentido. No soy tu Luna

Brenna no se mueve.

Da un paso, despacio.

—Siempre lo supe —dice—. Quizá desde el primer momento que te vi… o quizá al segundo día. No importa. Lo supe.

Mi
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