CAPÍTULO 53

Narrado por Myra

El hotel huele a humedad y a cloro barato.

No es un lugar para empezar una vida nueva. Pero es lo único que tenemos.

Evelyn se sienta en el borde de la cama más cercana con cuidado, como si el colchón pudiera romperla.

Bardok deja la mochila en el suelo y mira la puerta como si esperara que alguien la derribe.

—Aquí nadie sabe quiénes somos —digo, más para convencerme que para informarlos—. Eso es lo importante.

Evelyn traga saliva.

—¿Y si nos siguen?

—No nos siguieron —miente Bardok sin mirarme, firme—. Y si lo hacen… lo sabré.

Yo levanto una mano.

—Reglas —digo—. Una: aquí no existen los lobos. Dos: nadie menciona el muro. Tres: si alguien pregunta de dónde venimos, venimos de lejos. Muy lejos. Cuatro: Evelyn no sale sola.

Bardok asiente una vez, como un soldado.

Evelyn intenta sonreír.

—Yo no iba a salir sola de todos modos.

Gracias a las pulseras de oro de Bardok que llevaba en las muñecas desde el lado de los lobos. Siempre pensé que eran un adorno de guerrero.
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