Narrado por Eryon
La sonrisa de Kaleb no cambia cuando dice “tu verdadera Luna”.
Yo sí cambio.
Se me endurece la espalda. La sala se vuelve pequeña. Mis betas esperan mi orden, pero mi cuerpo no se mueve. Mi cabeza solo repite una cosa:
No.
Siento pasos arriba.
Levanto la vista.
Mi Luna está en lo alto de las escaleras, quieta. Su mirada está clavada en Kaleb. No en mí.
Ella baja. Lenta, firme. Como si supiera que ya no hay vuelta atrás.
—Selara —digo, sin querer que mi voz suene como un ruego.
Ella no responde. Solo baja el último escalón y se queda a unos metros de mí, sin acercarse.
Kaleb se ríe por lo bajo.
—Mírala, mi Alfa… hasta camina como si supiera que hoy se cae tu mundo.
Bardok aparece desde un costado, rápido.
—No le creas a un traidor —escupe, poniéndose entre Kaleb y mi Luna—. Si tiene algo que decir, lo dirá en el calabozo.
Kaleb ladea la cabeza, burlón.
—Yo no soy traidor. Yo soy fiel a la Luna. A la verdadera.
Bardok aprieta la mandíbula.
—Lo voy a llevar al calabozo.