Narrado por Myra
La sangre corre por sus muñecas.
Aria no puede morir, no así.
Me agacho de inmediato.
—Aria… —digo, firme—. No te muevas.
Ella levanta la cara. Sus ojos están rojos de rabia y dolor.
—No me toques —escupe—. Prefiero morir.
Está débil, quiere apartarse pero su cuerpo no cede.
—No vas a morir —respondo.
—No me cures —insiste, respirando con dificultad—. No quiero deberte nada. Ya me salvaste una vez. No habrá segunda.
Yo no discuto. No pierdo tiempo.
—Bardok, necesito hierba d