Narrado por Myra
La sangre corre por sus muñecas.
Aria no puede morir, no así.
Me agacho de inmediato.
—Aria… —digo, firme—. No te muevas.
Ella levanta la cara. Sus ojos están rojos de rabia y dolor.
—No me toques —escupe—. Prefiero morir.
Está débil, quiere apartarse pero su cuerpo no cede.
—No vas a morir —respondo.
—No me cures —insiste, respirando con dificultad—. No quiero deberte nada. Ya me salvaste una vez. No habrá segunda.
Yo no discuto. No pierdo tiempo.
—Bardok, necesito hierba de ceniza y hojas de plata —le ordeno—. Y raíz de luna si tienes.
Bardok no se mueve un segundo. Me mira como si quisiera discutir. Luego se va.
—Evelyn —digo sin apartar la vista de Aria—. Gasa. Alcohol. Lo que encuentres.
Evelyn corre por la casa. Vuelve con un frasco y un paño limpio.
Aria intenta tirar de las cadenas otra vez. Le tiembla el brazo. La plata la está drenando.
—No —le agarro la muñeca con cuidado—. Si sigues, te vas a abrir más.
—Suéltame.
—No —repito—. Cállate.
Aria me mira com