Narrado por Aria
—Vengo a decirte algo —digo.
Él levanta la vista.
—Si es sobre la humana… ya di órdenes.
—No es sobre la humana. Es sobre mí.
Mi garganta arde, pero no cedo.
—Me voy de la manada.
Eryon se queda quieto. No parpadea. La mano que tenía sobre unos papeles se detiene.
—No —dice, seco—. No te vas.
Me río sin ganas.
—No me estás dando una opción.
—Eres mi mano derecha, Aria.
—Esa es parte del problema.
Doy un paso hacia el escritorio. No para suplicarle. Para obligarlo a escucharme.
—Ya no me necesitas como antes. Ahora tienes a tu Luna… actuando como Luna. La manada la adora. Los betas la obedecen. Los omegas la siguen como si fuera una santa. Y tú…
Él frunce el ceño.
—¿Yo qué?
—Tú la miras como si fuera lo único que existe.
El silencio cae. Pero no retrocedo.
—No te estoy acusando por amar a tu esposa —aclaro—. Te estoy diciendo por qué yo no puedo quedarme.
Eryon se apoya en el borde del escritorio.
—Esto no es solo por Selara. Dime la verdad.
Respiro profundo. Lo digo