Narrado por Aria
—Vengo a decirte algo —digo.
Él levanta la vista.
—Si es sobre la humana… ya di órdenes.
—No es sobre la humana. Es sobre mí.
Mi garganta arde, pero no cedo.
—Me voy de la manada.
Eryon se queda quieto. No parpadea. La mano que tenía sobre unos papeles se detiene.
—No —dice, seco—. No te vas.
Me río sin ganas.
—No me estás dando una opción.
—Eres mi mano derecha, Aria.
—Esa es parte del problema.
Doy un paso hacia el escritorio. No para suplicarle. Para obligarlo a escucharme.