Narrado por Myra
El agua me abraza como un abrazo frío, pero mi piel arde.
No es por la temperatura.
Es por él.
Eryon está frente a mí, con el agua a la altura de la cintura, el cabello pegado a la frente, el torso desnudo, cada músculo marcado como si lo hubieran esculpido a mano. Nunca en mi vida humana había visto algo así. Ni en la televisión. Ni en mis sueños.
No debería mirarlo así.
No debería sentir esto.
—Voy a preguntarte otra vez —dice, con voz baja y grave—. ¿Qué haces aquí, sola?
Me abrazo el pecho por instinto, hundida hasta los hombros.
—No estoy sola —respondo—. Bueno si lo estoy, pero jugaba con Flinn y caí por accidente. Una mueca casi divertida cruza su rostro.
—Este no es el mundo humano, Selara —responde—. Aquí la naturaleza no es un adorno. Es un territorio. Y tú eres la Luna. No deberías estar sin protección.
Eso me golpea diferente.
Ellos cuidan la naturaleza. La respetan. La sienten.
En el mundo humano todo se ensucia, se rompe, se explota.
Aquí, incluso e