Narrado por Myra
El agua me abraza como un abrazo frío, pero mi piel arde.
No es por la temperatura.
Es por él.
Eryon está frente a mí, con el agua a la altura de la cintura, el cabello pegado a la frente, el torso desnudo, cada músculo marcado como si lo hubieran esculpido a mano. Nunca en mi vida humana había visto algo así. Ni en la televisión. Ni en mis sueños.
No debería mirarlo así.
No debería sentir esto.
—Voy a preguntarte otra vez —dice, con voz baja y grave—. ¿Qué haces aquí, sola?