Narrado por Myra
El mundo se vuelve ruido.
Agua, gritos, ramas, barro… todo mezclado en una masa caótica que no puedo procesar.
Y en medio de ese caos…
Eryon.
El tronco gigantesco está sobre su espalda.
Sus rodillas están hundidas en el fango.
Sus dientes apretados.
Sus músculos tensos como cuerdas a punto de romperse.
Y él me mira.
Como si yo estuviera en peligro.
Como si no le importara que ese árbol podría matarlo a él.
—¡Selara, transfórmate! —grita Aria, desesperada—. ¡Ayúdalo, imbécil!
Pero mi cuerpo no responde.
Mis manos tiemblan, mi garganta se cierra, mis piernas están hechas de piedra.
No puedo transformarme.
Porque no soy ella.
No soy loba.
Y aún así…
Eryon está sacrificando su espalda por mí.
Bardock ruge al aparecer de pronto. Salta entre el barro sin dudar.
Cierra sus manos en el tronco y empuja con una fuerza que me deja sin aire.
El tronco se eleva apenas.
Aria corre hacia mí, me toma del brazo con fuerza brutal y me aparta del peligro.
—¡Eres una inútil! —me