Narrado por Eryon
La botella golpea la orilla de mis labios una vez más.
El licor arde.
Pero no lo suficiente para quemar la confusión que tengo dentro.
Estoy frente a la ventana de mi oficina, mirando el patio oscuro del castillo.
La lluvia cae fina, casi imperceptible, como un murmullo contra la piedra.
Nada tiene sentido.
Nada desde que ella regresó.
—Eryon.
Aria entra sin tocar. Nunca lo hace.
Cierro los ojos un segundo antes de girarme.
—¿Qué ocurre? —pregunto, dejando la botella a un