Rose despertó con la luz del sol brillando a través de cortinas desconocidas, su cuerpo dolía de formas que eran nuevas, no desagradables pero insistentes, recordatorios de la noche anterior escritos en sus músculos, su piel, los lugares sensibles entre sus muslos.
Por un momento no recordó dónde estaba, luego volvió en pedazos, el apartamento de Richmond, sus manos en su cuerpo, la forma en que la había mirado como si fuera algo precioso, algo por lo que valía la pena romper sus propias reglas