Rose se quedó unos minutos más, hablando con su padre, aunque él no entendía, no respondía, solo para llenar el silencio, para fingir por un momento que no lo había perdido otra vez, y luego se obligó a irse, a salir de esa habitación y recorrer el pasillo, pasando junto a enfermeras que no sabían que el mundo acababa de dar un giro.
Afuera del hospital, Rose estaba en el estacionamiento, con la mano apretada contra el bolsillo, sintiendo el contorno de la escritura, e intentó pensar, intentó p