Acudimos a la cita hechos un manojo de nervios. De las palabras de Miguel Serrano, el abogado de Luis, dependerá nuestra tranquilidad en los próximos días.
Miguel, un hombre con gafas de pasta, que le esconden la fuerza de su mirada, nos recibe con un traje gris impecable. Fue compañero de facultad de Jesús y él mismo nos lo recomendó pues, a pesar de que es joven, tiene bastante experiencia e intuición.
Miguel me causa buena impresión. Nos tiende la mano a Luis y a mí con un ademán elegante.