Los labios perfilados de un rosa chicle de Noemí se mueven lentamente. No me cuesta intuir que le está pidiendo perdón a Luis por los gestos que desprende y por las palabras entrecortadas, que salen de su boca.
―Yo no…. quería…. Luis… Yo no… sabía…
―…
Luis repara en su mirada trágica, pero no dice nada.
―He dejado el trabajo.
―¿Los has dejado tú sola o te han echado? ―le dispara ahora un Luis enfurecido.
Mientras habla, Noemí agacha la mirada, y un mechón largo de su cabello se interpone entre