Llegamos al restaurante, que a esas horas está plagado de gente. Hay hombres y mujeres que curiosean por el salón principal y que hablan entre sí. Tres camareros con una vestimenta impoluta están sirviendo los primeros canapés, que tienen muy buena pinta. Algunos se acercan a probarlos.
Susana debe estar en la cocina, porque no la veo en un primer momento. Me siento algo desplazada y creo que Luis también. No conocemos a nadie y además no nos hemos vestido tan elegantes como las personas que me