A oscuras, entramos en el portal que es bastante diminuto. Aprieto la mano de Luis con fuerza y le transmito coraje. Subimos las escaleras hasta el primer piso, nos detenemos unos segundos para darnos un breve un beso que me sabe a miel, y seguimos hasta el segundo.
La puerta se resiste a abrirse cuando Luis pone la llave en la cerradura, pero al final cede. Luis se para unos instantes sin atreverse a entrar y yo aprovecho para respirar hondamente. Creo que nos hemos precipitado en venir.
Estoy