Llaman a la puerta y Toni se levanta para abrirla. En unos instantes, entra María con mi maleta mientras arrastra los pies.
―¿Esto es tuyo? —me pregunta.
―Sí… —contesto con mi mirada perdida.
―Te la habías dejado en la calle. ¿Estás bien, Elisa?
―Necesito estar sola, Toni, ¿me puedes llevar al piso de Sandra? ―le digo a él, sin contestarle a María.
En unos minutos hemos cargado mi maleta al coche de Toni, y nos dirigimos al piso de Sandra y Jaime, que sé que no están, pues se han ido a pasar es