Mis oídos zumban después de lo que nos ha contado Luis. Una historia desgarradora y escalofriante, que me ha puesto los pelos de punta: su historia. Él ahora respira más tranquilo con las hojas del artículo en la mano, pero todavía tiene la mirada baja. Hemos salido ya y estamos en la calle. Nos despedimos del resto hasta la semana siguiente.
―¿Quieres que vaya a tu casa ahora? ―pregunto.
―Sí.
Subimos al autobús, y durante el trayecto no cruzamos palabra, aunque mis pensamientos están con él. L