La cafetera en el fuego hace ruido para indicar que el café ya está listo. Mi madre lo apaga, y lo sirve en tres tacitas estampadas con flores violetas. Yo me seco las manos en un trapo de cocina, y regresamos al comedor donde mi padre está abriendo el mueble bar. Unas cuantas botellas se cruzan en mi vista, y las recorro de derecha a izquierda, mientras mi padre escoge una de coñac para añadirle unas gotas al café.
En este momento, no se me ocurre ninguna manera de sacar la conversación, aunqu