La explosión había dejado el aire cargado con el olor a pólvora y metal quemado. El caos reinaba, y aunque el sonido del fuego crepitando a lo lejos parecía más distante, su poder destructivo aún resonaba en sus cuerpos, como un eco que no se podía borrar. Sofía, Clara, Leo y Andrés estaban al borde del colapso, su mente y sus cuerpos agotados por la tensión. A pesar de todo, había algo en el aire que les decía que aún no había terminado. La batalla apenas había comenzado.
Sofía, sin embargo, n