La presión sobre Leo era palpable. Cada segundo que pasaba era uno menos para detener la infiltración en el sistema. El sudor perlaba su frente, pero no podía permitir que el miedo lo dominara. No era solo su vida la que estaba en juego; el destino de todos los que dependían de ellos, de la organización, estaba al borde del colapso. Cada palabra que tecleaba en el terminal parecía ser la última oportunidad para salvar la situación.
Sofía, de pie junto a él, vigilaba el entorno con una mirada fi