La noche había caído sobre Norvhar como un manto de terciopelo negro. Liria permanecía sentada junto a la ventana de su habitación, observando cómo la luna proyectaba sombras fantasmales sobre los jardines del castillo. El frío se colaba por las rendijas de la piedra, pero ella apenas lo notaba, sumida en sus pensamientos.
Tres golpes suaves en la puerta la sacaron de su ensimismamiento.
—Adelante —dijo, esperando ver a Mina con la infusión nocturna que solía traerle.
Pero no era Mina quien ent