El aire en la cabaña se había vuelto denso, cargado con el olor a madera vieja y la pólvora que se filtraba por las rendijas de las ventanas astilladas. Sofía sentía el pulso de la tableta en sus manos como un corazón eléctrico. La voz de su padre, recuperada del rincón más profundo del servidor de respaldo, llenaba la estancia con una advertencia que cambiaba las reglas del juego.
“Sofía... si escuchas esto es porque Arthur Imperial cree que ha ganado. Arthur es el rostro, el orgullo que no ad