El aire en la mansión Imperial se volvió irrespirable. La voz de Julia no era la de la prometida herida; era la de una arquitecta que ve una grieta en su edificio y decide demoler la estructura entera.
Julia estaba apoyada en el umbral del despacho, jugueteando con un pequeño transmisor que emitía un pitido constante. En su otra mano, sostenía el micrófono que Sofía había escondido en la chaqueta de Eric. Lo dejó caer al suelo y lo aplastó con el tacón de su zapato, cortando la comunicación con