El todoterreno negro derrapó sobre el césped inmaculado, arrancando jirones de tierra y barro antes de detenerse en seco frente a la escalinata principal. Elliot bajó del vehículo antes de que este terminara de balancearse. Su rostro era una máscara de concentración y dolor contenido; cada movimiento brusco le recordaba que su costado seguía siendo una herida abierta, pero el fuego de la adrenalina mantenía la fiebre a raya.
Sofía no se quedó atrás. Se deslizó por el asiento del copiloto con su