El aire en el despacho de Elliot se sentía cargado, casi irrespirable. Sofía sostenía la fotografía con dedos trémulos, mirando la imagen de su padre, un hombre que siempre le había dicho que la integridad valía más que cualquier algoritmo. Verlo allí, joven y radiante junto a un Elliot que apenas empezaba a forjar su coraza de hielo, lo cambiaba todo. El "héroe" de su carrera, el hombre que le dio su primer empleo y por quien ella había sacrificado noches enteras, no era un genio hecho a sí mi