La sala de conferencias de Vanguard era un búnker de cristal y acero. Eric entró como si todavía fuera el dueño de la ciudad, flanqueado por tres abogados de trajes oscuros y una Julia que intentaba recuperar su dignidad luciendo un conjunto de Chanel demasiado ajustado. Al otro lado de la mesa, Sofía y Elliot lo esperaban en un silencio sepulcral. Sofía no tenía abogados; solo tenía su laptop y a Elliot, quien observaba la escena con la parsimonia de un depredador que ya sabe que su presa está