98. Y el bosque entero enmudece.
Los disparos resuenan en el aire como truenos, desgarrando la noche. La adrenalina se mezcla con el miedo y la urgencia en mis venas. No puedo pensar, solo moverme, correr, sentir a Rita a mi lado mientras sorteamos árboles y raíces traicioneras.
Los cazadores están demasiado cerca. Puedo olerlos. Su sangre, su sudor, la pólvora en sus armas.
—¡No mires atrás! —gruño, tirando de Rita cuando tropieza con una rama.
Sus dedos se aferran a los míos, su respiración es errática, pero sigue adelante.