111. Fuego bajo la Luna Roja.
El viento cambió de dirección esa noche.
Ya no olía a tierra húmeda o a hojas rotas. Olía a huida. A regreso. A sangre vieja y nombres olvidados.
Luke lo sintió antes de que ocurriera.
Se levantó de la cama, el pecho desnudo, los ojos encendidos como brasas. Rita lo siguió, abrigada por una manta.
—¿Qué es? —preguntó ella, sabiendo que no era solo un presentimiento.
—Ellos. Los que quedaron. Los que sobrevivieron a la masacre.
Rita se detuvo. Su corazón se aceleró.
—¿Estás seguro?
—Están llaman