97. No voy a morir aquí.
La bestia frente a mí gruñe, sus ojos resplandecen con la furia de un fuego antiguo, y el peso de su odio me golpea como una ola imparable. Mi cuerpo, aún debilitado, protesta al más mínimo movimiento. Pero no me voy a rendir. No ahora.
Rita se aferra a mi brazo. Su corazón late acelerado contra mi piel, y su respiración es entrecortada. Sé que tiene miedo, pero su mirada es de pura determinación.
—No dejes que te provoque —susurra, su voz apenas audible entre el estruendo de la tormenta que se