48. Ecos de traición.
El aire en la cabaña es pesado. No importa cuánto abra las ventanas o intente respirar profundo, todo huele a tensión, a guerra inminente. Estoy de vuelta donde siempre pertenecí, en la cima, con mi manada inclinando la cabeza en señal de respeto… o más bien de sumisión. Pero no soy el mismo. No después de Rita.
Mi cuerpo me duele. No por heridas recientes, sino por la lucha interna que me carcome desde adentro. Sé que todos esperan que lo haga. Que la elimine. Que corrija mi "error". Que demue