40. El peso de la manada.
El aire se sentía más denso esa tarde, como si la ciudad misma estuviera consciente de lo que se estaba gestando. La relación entre Rita y yo no era algo que pudiera tomarse a la ligera. Yo lo sabía, ella lo sabía, y en el fondo, ambos sabíamos que nuestras decisiones iban a marcar el futuro de nuestras vidas. No importaba cuán fuerte fuera mi deseo de estar con ella, de protegerla, la manada, mi posición, todo lo que había construido hasta ahora, estaba en juego.
Rita se había mostrado fuerte,